La Unión Internacional del Transporte por Carretera (IRU) quiere que los transportistas europeos cobren sus servicios en un plazo máximo de 30 días naturales. La organización ha presentado una propuesta a la Unión Europea para combatir la morosidad en el sector, una iniciativa que recuerda a las medidas que España puso en marcha hace cinco años, aunque con una diferencia importante: IRU pretende que los 30 días sean un límite obligatorio, sin posibilidad de ampliación.
En España, la legislación establece un plazo general de pago de 30 días, pero permite que las partes acuerden ampliarlo hasta un máximo de 60 días. Superar ese límite constituye una infracción administrativa sancionable desde la entrada en vigor de la Ley 13/2021, una medida que ha contribuido a reducir los tiempos de cobro de las empresas de transporte.
España ha conseguido reducir los plazos de pago a los transportistas
La introducción de un régimen sancionador específico contra la morosidad a finales de 2021 supuso un cambio importante para el transporte español. Hasta entonces, los retrasos en el pago de los servicios eran una práctica habitual que obligaba a numerosas empresas y autónomos a financiar durante meses la actividad de sus clientes.
Los resultados de esta legislación se reflejan en la evolución de los plazos de cobro. Según los datos del Observatorio Permanente de la Morosidad y los Pagos en el Sector del Transporte por Carretera, elaborado por Fenadismer en colaboración con la Fundación Quijote para el Transporte, en 2021 los transportistas tardaban una media de 83 días en cobrar sus servicios. En 2025, el plazo medio anual se redujo hasta los 59 días y en agosto de 2026 se situó en 53 días.
IRU quiere que los 30 días sean el límite máximo en toda Europa
La propuesta de IRU va un paso más allá de la normativa española. La organización reclama que el plazo máximo de pago sea de 30 días naturales, sin excepciones ni posibilidad de ampliarlo mediante acuerdos comerciales. Esta obligación se aplicaría tanto a los servicios contratados entre empresas como a los contratos públicos.
IRU también quiere evitar que los procedimientos de aceptación o verificación de los servicios se utilicen para retrasar los pagos. Por ello, plantea que estos trámites deban quedar incluidos dentro del plazo máximo de 30 días.
La organización considera que los retrasos en los cobros perjudican especialmente a las pequeñas empresas y microempresas, que cuentan con menor capacidad financiera y de negociación frente a sus clientes. Según datos de la Comisión Europea citados por IRU, el 60% de las empresas asegura que la morosidad les impide invertir en soluciones innovadoras.
Cobrar a tiempo para poder renovar las flotas
La iniciativa llega en un momento en el que las empresas de transporte afrontan importantes inversiones para renovar sus vehículos, incorporar nuevas tecnologías y adaptarse a las exigencias medioambientales europeas. IRU considera que garantizar los pagos resulta fundamental para que los operadores puedan asumir estos costes sin comprometer su estabilidad financiera.
«El flujo de caja no es un simple detalle administrativo para una empresa de transporte. Puede determinar si una compañía invierte en nuevas tecnologías e innovación, así como en los conductores y trabajadores que hacen posible cada servicio», ha señalado Raluca Marian, directora de IRU para la Unión Europea. También ha recordado que las ayudas públicas, aunque importantes, no pueden sustituir los recursos propios de las empresas. «Una empresa de transporte financieramente sólida es aquella que cobra a tiempo por el trabajo que ya ha realizado», ha subrayado.
La propuesta de IRU, que todavía debe traducirse en cambios legislativos para convertirse en una obligación europea, vuelve a situar la morosidad entre las principales preocupaciones del transporte por carretera. España cuenta ya con una experiencia de cinco años en la aplicación de sanciones específicas, un modelo que ha coincidido con una reducción considerable de los plazos de cobro, aunque los últimos datos demuestran que todavía queda camino por recorrer.